Hay baño más allá del mar o como experimentar en propias carnes el principio de Arquímedes sumergido en agua dulce (I)

23 diciembre, 2014 § 2 comentarios

Diciembre termina. ¿Nostalgia del verano? He aquí un post para ir entonándonos. Ánimo, que dentro de nada ya estamos comprando protector solar de nuevo.

lagos

Me he bañado en lagos. Parece una afirmación banal, pero para mí es algo bastante inusual. Por Valencia no tenemos ríos caudalosos ni limpios, mucho menos lagos donde chapuzarnos. Meterse en las aguas de la Albufera suena a apuesta suicida. Por eso recuerdo las contadas veces en las que me he bañado en agua dulce. Este es un Top 5 para poner celoso al mar.

Lago en Annecy.

A un breve paseo del centro de la ciudad, rodeado por las cumbres de los Alpes, hay un lago apto para el baño, en el que han acotado con boyas un perímetro cómodo para echar unas brazadas. En la orilla, una extensión de césped bien cuidado le da al conjunto un aspecto de piscina natural. Una experiencia bastante domesticada. Lo mejor son las vistas: al levantar la vista se ve la grandiosa corona montañosa que envuelve el lago. Es agradable comprobar que, al menos en verano,  el agua no está tan fría como imaginas.

Lago en el Wansee.

A pocos kilómetros de Berlín hay un bosque que los berlineses utilizan como patio de esparcimiento los fines de semana. Y eso que su ciudad tiene casi más zonas verdes que urbanizadas, pero la llamada de la naturaleza es más fuerte que un Sansón. Aquí es donde Hitler reunido con su equipo, tomó la decisión de hacer una siniestra barbacoa con los judíos, sin duda imbuido del ambiente bucólico y campestre que le rodeaba.

El entorno está mucho menos “civilizado” que en Annecy. La pradera de hierba no la recorta  un jardinero y el fondo del lago tiene vegetación, largas ramas que al rozar los pies te hacen dar un respingo. Una experiencia más evocadora y auténtica que la francesa. Los alemanes desprenden paz cuando están relajados, una actitud en las antípodas del jolgorio dominical de los meridionales: conversan sin aspavientos, nadan, leen u observan las nubes. Algunos se bañan desnudos.

Torrenteras en Puerto Vallarta.

Ya he contado en un post anterior que hay una serie de playas cercanas a Puerto Vallarta, en México, a las que solo se puede acceder en barcos que hacen el trayecto varias veces al día. El transporte no solo es utilizado por bañistas, también por la gente que vive en poblados cercanos a estas playas. Fui a una de las más alejadas, para prolongar el trayecto en barco y apreciar el mayor trozo de costa posible. Al llegar, como es habitual en temporada de lluvias, en la playa flotaban ramas y lucía marrón por la tierra arrastrada. Empezamos a caminar remontando el curso de un torrente para llegar a una poza en medio de la selva. Algunos lugareños hacían el mismo camino subidos en caballo, nosotros íbamos con los pies descalzos, hundidos en el barro hasta los tobillos, solo acompañados por un par de perros abandonados. Luego supimos que esto había sido un gran error, pues nos arriesgamos a ser picados por algún insecto, araña o lo que fuera que podía transmitirnos alguna enfermedad tropical. Tuvimos suerte. Después de una buena caminata cuesta arriba, con una humedad relativa que se salía del higrómetro, llegamos a una laguna azulada y transparente, en la que se despeñaba un pequeña cascada que llenaba de frescor el ambiente, envolvía de rumor el aire y creaba una neblina de agua pulverizada: el miniparaíso.  No pudimos disfrutar completamente del momento, pues una pandilla de adolescentes estaba haciendo lo que cualquier pandilla de adolescentes de cualquier país: el borrico. Iban para arriba y para abajo, corriendo, chillando y lanzándonos miradas de sorpresa al principio y al cabo de un rato de malicia cuando la dirigían hacia nuestra ropa y la mochila, depositados al borde del lago mientras nos bañábamos. Nos empezó a rondar una paranoia insana, estábamos en medio de la nada, una zona deshabitada y boscosa y no conocíamos el terreno. Sin aparentar miedo, decidimos largarnos de allí con mucha dignidad. Una pena, porque el sitio merecía un largo baño.

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§ 2 respuestas a Hay baño más allá del mar o como experimentar en propias carnes el principio de Arquímedes sumergido en agua dulce (I)

  • man on the moon dice:

    Por la tendencia a mezclar urbes y naturaleza en nuestros viajes, nosotros hemos tenido la suerte de conocer un montón de lagos y de bañarnos en alguno que otro. Pero a pesar de haber visitado muchos de estos en parques nacionales de Canadá o en la lluviosa Escocia, donde, en muchos casos, las vistas circundantes son espectaculares, es de nuestro baño en el Lago Michigan de la ciudad de Chicago de donde guardamos un recuerdo especial. Allí, justo al lado de los edificios, han creado una playa artificial con toneladas de arena traída de otro lugar y el efecto que produce estar bañándote y contemplando el impactante skyline es algo que no hay que perderse si visitas esta ciudad en verano.

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